Gramíneas: El Pilar Verde de la Agricultura y el Ecosistema

Descubre la importancia de las plantas más versátiles del planeta, desde su papel en la alimentación mundial hasta su contribución a la biodiversidad y la sostenibilidad


Las gramíneas son plantas angiospermas monocotiledóneas. Constituyen una familia de unas diez mil especies (la más numerosa de las monocotiledóneas) y desde el principio de la historia del hombre han desempeñado un papel fundamental porque ellas proporcionan la principal alimentación animal y humana. Casi todas son plantas herbáceas, es decir que no tienen tallo ni ramas leñosas. Entre sus principales características se puede mencionar un tallo cilíndrico (llamado culmo), de poco grosor y casi siempre hueco que muestra una serie de nudos. Las hojas, bastante alargadas y estrechas, no están unidas al tallo con un pecíolo, como en la mayoría de las plantas, sino con una vaina que se enrolla alrededor del tallo y a veces está cerrada, en forma de tubo. Las flores carecen de cáliz y de corola; se encuentran reunidas en inflorescencias denominadas espiguillas que, a su vez, se agrupan en inflorescencias más grandes, que pueden ser espigas o panículas. El fruto de las gramíneas recibe el nombre de cariópside y contiene las sustancias (amidas y albuminoides, en especial) que poseen una importancia fundamental en el proceso de nutrición. Algunas tienen ciclos cortos y son anuales (los cereales). Otras viven dos o más años (las distintas variedades de "ray-grass").


Dentro de la familia de las gramíneas uno de los grupos principales es el de los cereales, que incluye el trigo, el maíz, el arroz, el centeno, la avena y la cebada. Todas estas variedades tienen en común algo esencial: semillas que pueden ser almacenadas por largos períodos. Por esta razón los cereales estuvieron presentes en los albores de la agricultura, hace unos once mil años. Los indicios más remotos de actividad agrícola se ubicaron en el Cercano Oriente, en la región actualmente conformada por Irán, Irak y Turquía. En esas áreas ya se cultivaban trigo y cebada. El nombre de cereales proviene del latín, carealis, y deriva de Ceres, la diosa protectoras de las mieses.

El trigo es una planta herbácea anual con cuyos granos triturados se elabora la harina con la que se hace el pan, alimento primordial del hombre. Éste vegetal lo ha acompañado en sus viajes a través de continentes, como un aliado de la civilización. Se cree que originalmente se lo cultivó en el Cercano Oriente y de allí pasó a valles y llanuras. En un principio fue una planta silvestre y rudimentaria, pero luego se transformó en un vegetal generoso y dócil. Mediante cruzas e hibridaciones se han obtenido más de quinientas variedades, cada una con sus propias características. Algunas se adaptan mejor en regiones de llanuras, otras resultan más adecuadas a las zonas montañosas. También existen especies que responden mejor en climas cálidos y otras que desafían bajas temperaturas. El trigo puede prosperar incluso en Alaska, a 66 grados de latitud. En general, se distinguen tres clases principales de trigo: el de grano blando (Triticum vulgare), que es mocho, aristado y el preferido para la fabricación del pan; el de grano turgente (Triticum turgidum), que se cultiva poco; y el de grano duro (Triticum durum), que es siempre aristado y se usa para la elaboración de pastas.

El cultivo del trigo requiere de su siembra y de su cosecha. La semilla se desarrolla a una profundidad que oscila entre los dos y ocho centímetros, según el tipo de terreno. Primero se hincha hasta que la cascarilla (el tegumento) se resquebraja. Del extremo inferior brota, hacia abajo, una minúscula raíz denominada radícula, y hacia arriba despunta la gémula, que se convertirá en la parte aérea de la planta. Al comienzo el embrión no toma nada del suelo y se nutre de sustancias acumuladas en el grano mismo. Más adelante, cuando las raíces se fortalecen y las hojas se abren al sol, se alimentará de las sustancias presentes en la atmósfera y de las que están disueltas en el terreno. En la base del tallo principal pueden despuntar dos o más yemas, que dan vida a nuevos tallos destinados a llevar una espiga cada uno. Pero ¿y las flores?

En la extremidad del tallo surgen las flores dispuestas en espiga. La espiga está formada por un eje principal (raquis), en el que se hallan fijadas las espiguillas: cada una tiene entre una y nueve flores. El color de las flores es verde pálido y se confunde fácilmente con el de la planta. El período de florecimiento es muy breve: veinte minutos por cada flor y, como la maduración de cada una de ellas no sucede al mismo tiempo, la floración de toda la planta se completa en dos o tres días. Las flores del trigo casi siempre son fecundadas con su propio polen, que se deposita sobre los pistilos por acción del viento. Se trata de una fecundación autógama. Las espigas y las flores presentan unas cubiertas llamadas glumas y glumelas, respectivamente. En algunas variedades, éstas se extienden en largas prolongaciones denominadas barbas. Las espigas con barbas se llaman aristadas, y las otras, mochas o múticas.

Una vez que culmina la fecundación, la espiga se pone turgente y en lugar de las flores aparecen los granos, que son los frutos del trigo. El sol los va sazonando y en corto tiempo pasan de un verde oscuro a un amarillo oro. Se trata de una carióspide o fruto seco, indehiscente, monospermo, con el pericarpio muy delgado, membranoso o coriáceo, estrechamente unido a la semilla. El pericarpio es el verdadero fruto, la parte protectora de la semilla. Es rígido y leñoso, mediante la molienda se lo separa de la harina y se convierte en salvado, que constituye entre el 8 y el 8,5 por ciento del grano. También se distinguen una pelusa (el conjunto de pelos que quedaron como residuos de la flor) y un estrato protéico, rico en glutinas, fósforo y proteínas.

El cultivo del maíz (cereal de origen americano) se ha extendido a todo el mundo. No se conoce en estado silvestre y no puede reproducirse sin la intervención del hombre. Se cree que procede de la mutación del teosinte, una gramínea silvestre que puede cruzarse con excelentes resultados con el maíz. La variedad cultivada que Cristóbal Colón  encontró en Cuba no tenía mayores diferencias con la actual. Las reproducciones de plantas y mazorcas en las viñetas del antiguo Código Azteca, junto con las espigas representadas en altos relieves y esculturas, demuestran el valor que esta civilización le otorgó a esa planta, considerada un don divino tanto por los aztecas como por los mayas. Esta herbácea anual crece con facilidad en las zonas de clima tropical y subtropical. Se adapta muy bien al clima templado y entre sus enemigos se cuentan la sequía, las heladas tardías, las isocas y los hongos parásitos. Como planta preparadora y de renuevo, hay que laborar la tierra para cultivos posteriores; exige esforzados trabajos de arado, abono abundante y muchos cuidados.

El tallo puede superar los tres metros de altura y presenta nudos e internudos. Su interior es sólido y por allí corren los conductos que permiten el paso de la linfa, una sustancia medular blanda y azucarada que constituye una reserva de alimento durante los períodos de sequía.

De los nudos del tallo parten largas hojas paralelinervas (con nervaduras paralelas) que, con su base, cierran el tallo como en una vaina. Por su inflorescencia, el maíz es una planta monoica (del griego monos = uno solo, y oikos = casa); esto significa que en una misma planta hay flores unisexuales masculinas y femeninas. Las masculinas se disponen en panojas (racimo compuesto) en la cima del tallo. Las femeninas se agrupan sobre un grueso eje, la mazorca, que crece en el tallo, en la axila de las hojas, y está envuelta por brácteas (chala). De la parte superior de la mazorca salen largos estilos y estigmas filiformes (barba del choclo). Son flores anemófilas (polinizadas por el evento).

Cada uno de los numerosos granos que se hallan fuertemente adheridos al eje floral (marlo) es un fruto. En promedio, de una espiga se obtienen entre seiscientos y setecientos granos. Estas carióspides presentan formas y composiciones diversas según las variedades. Contienen una buena cantidad de almidón, que puede ser tierno y harinoso, o duro. Al igual que en el fruto del trigo, se distinguen diferentes partes; el pericarpio (el verdadero fruto, forma el afrecho o salvado); el estrato proteico, rico en gluten; albumen, que da la harina y está compuesto, en su mayor parte, por almidón; el germen o embrión (la parte esencial de la planta: dará vida a un nuevo individuo y durante el molido no se mezcla con la harina porque sus grasas perjudican la conservación del fruto). El empleo del maíz en la alimentación es múltiple. El más sencillo es el cocimiento de las mazorcas frescas (choclos) o de sus granos, que condimentan exquisitos platos regionales de distintos países americanos (locro, chuchoca, mazamorra, humita, pororó, tamales). Con sus harinas y féculas cocidas o tostadas se obtiene un variado menú: polenta, maicena, gofio, pan o tortillas. También se pueden preparar bebidas fermentadas, como la chicha o el carato, o probar la infusión del grano tostado (pitraque).

El arroz es un cereal originario del sudeste de Asia. Se lo cultiva en el agua porque sufre mucho con los cambios de temperatura. El riego constante que se realiza en los arrozales permite mantener esta planta a una temperatura uniforme, de alrededor de 20 - 22 grados centígrados. El tallo, en promedio, no supera un metro de altura, pero en ocasiones puede llegar a los ciento cincuenta centímetros. Tiene raíces delgadas que sostienen una o más cañas huecas (culmo), segmentadas por cuatro o cinco nudos de los cuales salen las hojas envainadoras (carecen de pecíolo y rodean el tallo con la parte inferior del limbo); son lineales, paralelinervadas y están cubiertas de duros pelos cortos.


El culmo termina en una inflorescencia con forma de panícula en la que se distinguen diversos racimos. Cada uno se compone de muchas espiguillas que son auténticas flores. Como el eje de la panícula (raquis) es delgado, éste se va curvando a medida que los frutos maduran y se vuelven más pesados. Cada espiguilla tiene una sola flor y, en su parte exterior, está constituida de dos pequeñas glumas (que apenas se muestran en la base de la misma flor) y de dos glumelas muy desarrolladas. Estas partes corresponden aproximadamente al cáliz y a la corola de las flores comunes. Dentro de las glumelas están los sesis estambres y un pistilo. El fruto o grano del arroz es una carióspide revestida de las glumelas, que la recubren incluso después de la trilla. Al igual que en otros cereales, se distinguen un pericarpio y un germen, y contiene células ricas en gluten y almidón.



En conclusión, las gramíneas, con su impresionante diversidad y adaptabilidad, son una parte integral de nuestra vida diaria. Desde los tiempos antiguos hasta la actualidad, estas plantas han sustentado a las civilizaciones y continúan siendo la base de la agricultura moderna. Ya sea como fuente de alimento, como recurso para materiales industriales o como parte esencial de ecosistemas diversos, las gramíneas están entre las plantas más versátiles y significativas del planeta.


El trigo, el maíz y el arroz, tres de los principales cereales provenientes de las gramíneas, nos muestran la importancia de esta familia de plantas. Estas especies no solo alimentan a miles de millones de personas, sino que también han sido objeto de investigaciones para mejorar su resistencia, productividad y adaptabilidad, ayudando a afrontar los desafíos del cambio climático y la creciente demanda alimentaria.

Además de su contribución a la alimentación humana, las gramíneas tienen un papel crucial en la agricultura sostenible y en la preservación de la biodiversidad. Los pastizales y praderas, dominados por gramíneas, ofrecen hábitat para una amplia variedad de vida silvestre y desempeñan un papel importante en la captura de carbono y la regulación del ciclo hidrológico.

En resumen, las gramíneas no solo forman la base de nuestra alimentación, sino que también son esenciales para el equilibrio ecológico y el desarrollo sostenible. Por ello, el estudio y la conservación de estas plantas son fundamentales para el futuro de la humanidad y el planeta. Al reconocer y valorar su importancia, podemos trabajar para preservar y mejorar el papel de las gramíneas en nuestro mundo.

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Los vegetales y el suelo

Importancia del suelo

Las plantas necesitan del suelo para alimentarse y como medio de sostén. El suelo puede sufrir alteraciones en su composición o su estructura debido al agua y el viento. Ese desgaste, llamado erosión, suele ser de consecuencias más graves cuando el terreno no cuenta con árboles que le sirvan de protección y cuando el hombre lo somete a una continua explotación, sin variar los tipos de cultivos. En tales casos, es la capa fértil del suelo la que se empobrece.

Para evitar los problemas derivados del cultivo intensivo, los agricultores rotan los cultivos -alternando año tras año las especies que se siembran en un terreno- y abonan la tierra con fertilizantes químicos, para renovar los nutrientes perdidos. Pero en el caso de los fertilizantes debe evaluarse detenidamente su acción de aplicarlos, pues muchas veces contienen elementos tóxicos, contaminan las napas de agua y matan microorganismos y pequeños animales, dañando incluso a los mismos vegetales que después consumirá el hombre.



Existe otra forma de recuperar el terreno, que es el empleo de fertilizantes orgánicos (compost, estiércol y ciertos residuos degradables). Estos elementos se emplean en la producción orgánica de verduras y hortalizas.

La composición del suelo, el suelo en sí, es una delgada capa de la corteza terrestre, modificada por diversos agentes climáticos y por la acción de distintos organismos. Está constituido por partículas minerales, materia orgánica, agua y aire.

En un corte vertical, se puede observar que el suelo se dispone en capas superpuestas llamadas horizontes. Por debajo de esos horizontes está la roca madre o material original del suelo, antes de sufrir modificaciones.



El pH del suelo, se conoce como acidez o pH -potencial hidrógeno- del suelo a la escala numérica que permite medir la concentración de iones de hidrógeno. Los iones son agrupamientos de átomos con carga eléctrica que pueden otorgar a las soluciones químicas la propiedad de ser buenas conductoras de la electricidad. La escala de pH, que va de 0 a 14 sirve para calcular determinadas características de los suelos.

La relación entre las plantas y el pH del suelo es, realmente, una interacción. Por un lado, el grado del pH influye sobre las plantas y otros organismos que hay en el suelo; por otro, el pH es influido por esos seres vivos. La solubilidad -capacidad de una sustancia para disolverse- de los minerales, por ejemplo, varía en función del pH.

La importancia del pH para la planta radica en que ésta sólo puede absorber los minerales solubles, no los insolubles.



¿Cuáles son los tipos de suelo?
Los tipos de suelo, en función del volumen, poseen dos componentes comunes que son la arena y la arcilla. Es común que se encuentre un elevado porcentaje de arena, una proporción menor de arcilla, de sustancias calcáreas y de humus o materia orgánica. Al variar las proporciones de cada componente los suelos pueden ser más livianos o arenosos, más pesados o arcillosos, calcáreos y humíferos.

El suelo, en su proporción ideal, debe estar compuesto por partículas de variados tamaños, con abundante humus para retener el agua y suministrar alimento a las plantas. Estas particularidades hacen fundamental la presencia de humus, para que el suelo sea el adecuado y facilite las labores agrícolas. Otro tipo de suelo es el formado por rocas calizas. Su principal componente, el carbonato de calcio, es soluble en agua. Eso hace que los suelos no sean consistentes.

Cada planta en el suelo adecuado, las sustancias que son más necesarias para el desarrollo de los vegetales son el nitrógeno, el fósforo y el potasio. El nitrógeno favorece el crecimiento de las hojas; el fósforo actúa sobre la raíz y los frutos, y cuando su presencia es excesiva la hace madurar prematuramente. Estimula el crecimiento de la planta y sus resistencia a sequías, enfermedades y temperaturas extremas.

Los fertilizantes, estos pueden ser de dos clases: los fertilizantes orgánicos (derivados de residuos animales o vegetales, o productos de desecho) y los fertilizantes inorgánicos. Estos últimos pueden ser sintéticos (por ejemplo, el sulfato amónico) o naturales (como la potasa), que utiliza directamente como se extraen de la mina. El superfosfato es un ejemplo de fertilizante elaborado tratando químicamente minerales naturales (fosfatos). Algunos fertilizantes orgánicos (por ejemplo, la sangre desecada) proporcionan solamente nitrógeno, mientras que otros son abastecedores de nitrógeno y fosfato (como la harina de huesos).

Lo mismo ocurre con los fertilizantes orgánicos. El sulfato amónico proporciona solamente nitrógeno, y el nitrato potásico, además de nitrógeno, abastece de potasio. El fosfato mineral y el superfosfato suplementan sólo fosfato, aunque el primero es insoluble y el último soluble en agua. El sulfato potásico proporciona solamente potasio.


Plantas superiores e inferiores

Formas de reproducción de las plantas

En circunstancias normales, todos los seres vivos se reproducen; es decir, dan origen a otros individuos de características semejantes. Eso hace posible la perpetuación de cada especie existente.

En las plantas superiores se observan dos formas diferentes de reproducción: la sexual y la asexual o vegetativa.

La reproducción sexual; la flor está dotada de un órgano femenino, el gineceo, y otro masculino, el androceo. Ambos intervienen en la reproducción sexual, que da origen a las semillas. En el androceo se encuentran uno o más estambres. Cada estambre consiste en un filamento, en cuyo extremo hay un abultamiento llamado antera. Allí se ubican los sacos polínicos, que elaboran los granos de polen. Estos granos son partículas muy pequeñas, que en las flores más comunes pueden ser observadas como una suerte de polvillo amarillento o coloreado.

Para que la fecundación se produzca, los granos de polen deben llegar al gineceo. La estructura de este último está formada por hojas modificadas, llamadas carpelos, y consta de tres partes: ovario, estilo y estigma.

En el ovario crecen óvulos (que darán origen a la semilla). El estilo es una estructura en forma de tubo que conecta el ovario con el estigma, lugar donde se posa el grano de polen en la fecundación. El estigma secreta sustancias que retienen el grano de polen y lo nutren para que pueda germinar. Del grano se desprende entonces una prolongación, el tubo polínico, que atraviesa el estilo y penetra en el ovario. Por ese conducto emigra el núcleo generativo, que se divide en dos células sexuales o gametos masculinos. Cuando uno de éstos se une a la oosfera -el gameto femenino, situado dentro del óvulo-, se produce la fecundación y comienza a diferenciarse el embrión de la semilla. La otra parte del núcleo generativo se fusiona con los núcleos secundarios que posee el óvulo para formar un tejido nutritivo que alimentará al embrión.

Posiciones del ovario

Las flores no son todas iguales en cuanto a su morfología: algunas son completas o hermafroditas; otras pueden carecer de gineceo (se las denomina flores masculinas), o bien de androceo (flores femeninas). También pueden faltar ambos: en ese caso las flores reciben el nombre de neutras. Éste es uno de los motivos por los cuales algunas flores no se autofecundan sino que realizan fecundación cruzada (entre dos flores de la misma especie).

Tipos de estambre

Polinización
Para que se produzca fecundación cruzada, el polen debe llegar hasta otra planta. Para ello se vale del viento, del agua, de los insectos y de las aves. En función de esas características se distinguen tres tipos de polinización: anemófila, hidrófila y zoófila.

En la polinización anemófila, los granos de polen son transportados por el viento, y quedan dispersos en el aire. Al descender, se posan sobre distintas superficies, incluso flores, alguna de las cuales será la adecuada.
La polinización hidrófila es la que tiene lugar a través del agua. Sólo se da en unas pocas especies vegetales acuáticas. En este caso el polen tiene aspecto filamentoso.

La polinización zoófila se produce por la intervención de animales. Es ornitófila si intervienen aves, o entomófila, cuando participan insectos.

Las plantas inferiores carecen de flores y de semillas. La forma más común de multiplicación de algas, musgos, hepáticas, equisetos, licopodios y helechos es el desarrollo de unas células especiales llamadas esporas. De todas formas, la reproducción por esporas no sustituye  por completo a la sexual; lo habitual es que ambas se alternen en dos generaciones sucesivas de una misma planta.



Reproducción por esporas
La espora es una célula reproductiva que posee la propiedad de dar origen a un nuevo organismo sin la intervención de otra célula. En ese aspecto, es lo opuesto del gameto, una célula que es necesariamente masculina o femenina y, por esa razón, necesita fusionarse con otra del sexo opuesto, en el proceso que se llama fecundación.

Las esporas cuentan con mecanismos de adaptación al medio: algunas están recubiertas por membranas que las protegen del aire, y otras tienen flagelos para desplazarse por el agua. La forma más compleja de reproducción por esporas es la de los helechos.



Las briofitas
En los musgos y las hepáticas, pertenecientes a la subdivisión de las briofitas, el ciclo se origina con la germinación de una espora, que da origen a la planta, donde se forman dos tipos de órganos: los anteridios y los arquegonios, responsables de la producción de gametos masculinos y femeninos. La unión de ambos sólo se produce en presencia de agua; por eso los gametos masculinos están adaptados para nadar hacia los femenino. El cigoto o huevo origina una plantita en forma de filamento. Ésta crece sobre la anterior. En el extremo de cada filamento se genera una cápsula. En su interior crecen las esporas, que, de germinar, reanudarán el ciclo.

Las talofitas
La reproducción en las talofitas presenta enormes variaciones. Algunas especies se reproducen por división del cuerpo vegetativo o talo; otras, mediante esporas que son arrastradas por las corrientes de agua.

En determinadas especies, una generación se reproduce por medio de esporas y la siguiente, por la unión de dos gametos.

Reproducción asexual
La reproducción vegetativa o asexual de las plantas superiores es más sencilla que la de tipo sexual. Se produce a partir de tallos que, desprendidos de brotes o yemas de una planta, permiten la formación de un nuevo individuo. Esta clase de reproducción es muy eficaz para la rápida propagación de la planta. También facilita la reproducción de ciertas especies en ambientes donde sólo periódicamente pueden germinar las semillas.

Aprovechando estas características, el hombre ha podido desarrollar cultivos de plantas alimenticias u ornamentales genéticamente iguales a una planta madre que posee las propiedades óptimas de acuerdo con el objetivo deseado. De esa manera, se propagan artificialmente muchas plantas, mediante la plantación de esquejes -trozos de tallo- en otro medio, o por el procedimiento llamado injerto, que, básicamente, consiste en la inserción de un esqueje en el tronco de una planta leñosa, como ocurre con muchos árboles frutales y rosales, o bien por acodos, en los que se utilizan tallos o ramas.



La Fisiología de las plantas

Procesos vitales de las plantas

Como los demás seres vivos, los vegetales llevan a cabo funciones vitales que les permiten crecer, desarrollarse y reproducirse.

Los principales procesos para cumplir su metabolismo son la absorción, la circulación, la respiración y la transpiración.

Absorción
Los vegetales no toman sus nutrientes sólo de la tierra. También utilizan el oxígeno y el dióxido de carbono del aire, que captan principalmente a través de sus hojas.

El agua, con sales minerales disueltas, entra a la raíz por difusión; con estas sustancias la planta elabora moléculas orgánicas para formar sus tejidos: carbohidratos -como la glucosa, la fructosa y el almidón-, proteínas y grasas o lípidos.

Esta particularidad de convertir minerales en compuestos orgánicos es exclusiva de los vegetales y de ciertas algas microscópicas. Por eso, los animales, los hongos y los protozoos dependen de los vegetales, principal fuente disponible de compuestos orgánicos elaborados.



Circulación
El desarrollo de un sistema circulatorio, de complejidad creciente en las distintas formas de vida, es una prueba de los mecanismos de la evolución. En los organismos unicelulares simples, como la ameba y el paramecio, la función de transporte está asegurada sencillamente por las corrientes de material protoplasmático, que absorben o expulsan sustancias.

Pero ya en las talofitas o algas, se observa la presencia de vías circulatorias. Los vegetales terrestres necesitan asegurar sus recursos hídricos, y para ello cuentan con tejidos de absorción y conducción de agua y nutrientes. Los helechos, las más evolucionadas entre las plantas inferiores, muestran perfectamente diferenciados los tejidos de conducción.



Para la circulación de la savia, la planta cuenta con dos tipos de tejidos: xilema y floema. La savia es una mezcla de sustancias orgánicas e inorgánicas, integrada en un 98% por agua -el porcentaje varía según las distintas especies-, y en el resto por sales, azúcares, aminoácidos y hormonas. Entre los minerales necesarios para las plantas, los de mayor valor son el nitrógeno, el fósforo, el potasio, el calcio, el cobre, el cinc y el manganeso.

Además requieren magnesio, ya que este elemento interviene en la formación de la clorofila, pigmento qur forma parte de la fotosíntesis.

Transpiración
La transpiración elimina el exceso de agua en forma de vapor o de gotitas que salen por los estomas, orificios microscópicos situados en la epidermis de las partes aéreas de la planta y, con mayor densidad, en el envés o reverso de las hojas. Disponen de un mecanismo que les permite abrirse o cerrarse, de acuerdo con el volumen de agua que la planta necesite eliminar en forma de vapor. Por los estomas también ingresa el CO2 (dióxido de carbono) utilizado en la fotosíntesis.

Respiración
La respiración es el proceso inverso al de la fotosíntesis; en él, a partir de sustancias orgánicas y oxígeno, los vegetales obtienen energía y liberan CO2 y agua. Todos los órganos de la planta respiran para obtener energía.

¿Por qué transpiran las plantas?
Las plantas, para nutrirse, absorben del terreno, con las raíces, agua que contiene disueltas sustancias minerales necesarias para su vida. Pero no debe creerse que se trata de una solución muy nutritiva. En cada litro de agua absorbida no hay más de uno o dos gramos de sustancias útiles a la planta que, para nutrirse adecuadamente, debe absorber del terreno una notable cantidad de agua.

¿Y dónde va a parar toda esa agua que incesantemente "entra" en la planta y asciende a lo largo de su tallo hacia las hojas? La planta no puede conservarla en su interior. Es así que interviene el mecanismo de transpiración, que permite a la planta librarse del agua (que sirve únicamente de vehículo) y retener sólo las sustancias nutritivas.

¿La plantas tienen pulmones?
Las plantas no tienen pulmones, respiran a través de casi todo su organismo, tanto con las partes verdes como con las que no lo son, pero especialmente por medio de las hojas y de las raíces. Los estomas de las hojas son las numerosas bocas a través de la cuales entra la mayor parte del aire respirado por las plantas. Estas "bocas" se encuentran sobre ambas caras de la hoja, aunque son más numerosas en la cara inferior. Pero también las raíces cumplen un papel importante.



El combustible
El fenómeno de la respiración de las plantas ha sido ignorado por largo tiempo, porque sus manifestaciones son, en su mayoría, neutralizadas por la función clorofílica. Esta función absorbe anhídrido carbónico y exhala oxígeno, y todo ello en abundancia. El poco anhídrido carbónico producido por la respiración ha pasado inadvertido por un tiempo. En una hora una planta acumula treinta veces más carbono del que, al mismo tiempo, emite respirando. Esto es así porque de otra manera la planta no podría desarrollarse. Además, hay que tener en cuenta que, mientras la función clorofílica o fotosíntesis (es decir, la combustión del carbono) sólo se cumple en las horas de luz y cesa casi completamente en los meses invernales, la respiración se realiza día y noche, verano e invierno.

No obstante, también la respiración tiene períodos de máxima intensidad (durante la germinación de la semilla, la formación de los brotes y la florescencia) y de actividad reducida (en invierno, cuando las plantas están generalmente desprovistas de hojas).

Hay mohos que en un día producen, respirando, una cantidad de anhídrido carbónico equivalente a la décima parte del peso de su cuerpo.



Clasificación de los vegetales

Cómo se clasifican los vegetales

El estudio del reino de los vegetales requiere de un método para clasificar las distintas formas de vida. La clasificación en uso es la de Carl von Linné, que se basa tanto en los rasgos visibles de la planta como en las características específicas, de su estructura. Según esos criterios, todas las plantas se agrupan en dos grandes divisiones: las inferiores y las superiores. La característica que las distingue radica en que las inferiores no poseen flor ni semilla, mientras que las superiores sí.


Pero, ¿cómo se clasifican los vegetales?. No hay acuerdo entre especialistas porque la división es en parte artificial. El elemento natural y fundamental de la clasificación es la especie, que se define por la capacidad de los individuos para reproducirse dentro de ella. En esto se procede como en la clasificación de los animales: por ejemplo, dos gatos de variedades distintas pueden engendrar hijos fecundos, pero ello no es posible entre el tigre y el gato, porque pertenecen a diferentes especies. Hay dos motivos principales para clasificar las plantas: el primero es reconocerlas fácilmente; el segundo, establecer su parentesco en la evolución. Para el primer objetivo se utilizan claves analíticas, como las características de los pétalos, de las hojas, etc. Este método se parece, en cierta manera, a la identificación policial de los individuos por sus impresiones digitales y, en principio, no dice mucho sobre sus semejanzas fisiológicas fundamentales.



Las especies se dividen luego en subespecies, variedades y subvariedades, razas, etc., hasa llegar al individuo. En sentido inverso las especies se agrupan en géneros, éstos en subfamilias (terminación oideas), familias (terminación áceas), subórdenes (íneas), órdenes (ales), y luego, en clases, subtipos, tipos, subreinos y reinos. Alguna de estas etapas puede faltar. Es fácil distinguir las plantas superiores de los animales superiores; en cambio, los límites entre las especies más simples son, a veces, muy imprecisos. Existen seres, como las clamidomonas y el volvox, que los zoólogos consideran animales, pero que los botánicos clasifican entre los vegetales.

Si bien, como dije, la clasificación actual de los seres vivos se apoya aún en la gran obra del sueco Linneo, en el fondo, su criterio para agrupar las especies era arbitrario, porque se limitaba a buscar algún carácter visible y cómodo, sin preocuparse de si era o no fundamental. No obstante, las formas de transición son siempre poco abundantes y efímeras; pero hoy se puede considerar que la clasificación botánica está principalmente concluida.



Plantas inferiores, una de las dos grandes del reino vegetal comprende las plantas inferiores. Estas se caracterizan por carecer de flores y, por tanto, de semillas. Se reproducen por medio de esporas, de manera que también son conocidas como esporofitas.

Asimismo, esta rama abarca tres grupos con diferencias específicas: las talofitas, las briofitas y las pteridofitas.

Las talofitas están formadas por un cuerpo celular llamado talo. Las briofitas no tienen sistema vascular ni raíces, pero pueden absorber agua por toda su superficie. Las pteridofitas son plantas inferiores con tejidos y vasos, y tienen raíz, tallo y hojas.

Talofitas: algas, los vegetales pluricelulares más simples son las algas. Su talo es una estructura formada por hileras de células que no están diferenciadas en tejidos; las algas carecen de raíz, tallo y hojas. Sin embargo, hay algunas especies más evolucionadas que presentan modificaciones similares a dichos órganos. Las 25 000 clases de algas existentes se dividen en tres grandes grupos, diferenciados por color: los rodofitos (algas de color rojo), los clorofitos (de color verde) y los feofitos (de tonalidad parda).



Pteridofitas: licopodios, equisetos y filicíneas; son las plantas inferiores más desarrolladas, ya que tienen raíces, tallo con vasos conductores y hojas con sistema vascular. Se reproducen por medio de esporas. Suelen ser plantas terrestres que viven sobre troncos y ramas de árboles o sobre la tierra, aunque también hay pteridofitas acuáticas.

Este grupo se subdivide en tres tipos, conocidos licopodios, equisetos y filicíneas. Los licopodios crecen en climas cálidos o templados, sus tallos son rastreros y tienen hojas pequeñas. Por su parte, los equisetos tienen aspecto de cola de caballo y se caracterizan por sus tallos con nudos y entrenudos donde se produce la fotosíntesis, y sus hojas son como escamas, muy pequeñas e incoloras; y las filicíneas comprenden unas 9 000 especies, y presentan la mayor evolución dentro de las plantas inferiores.



Briofitas: hepáticas y musgos; las casi 25 clases de briofitas que existen se caracterizan por ser simples, de crecimiento lento, y por constituir un grupo de características intermedias entre las talofitas acuáticas y los vegetales superiores. La reproducción asexual se realiza mediante esporas y la sexual, a través de gametos. Para esta función las briofitas necesitan un medio acuático o muy húmedo. Entre las briofitas podemos diferenciar las hepáticas y los musgos, tratadas más extensamente AQUÍ (hepáticas y musgos).

Las hepáticas son talos aplanados, de tonalidad verde rojiza o violácea. Su forma puede der ondulada, ramificada y dividida. Viven en suelos húmedos o sobre troncos en descomposición.

Los musgos, en sus aproximadamente 20 000 variedades, son pequeñas plantas individuales que crecen junto a otras formando colonias que, a simple vista, se presentan  como una especie de alfombra verde aterciopelada.

Plantas superiores, la segunda rama de la clasificación vegetal corresponde a las plantas superiores. La estructura de este grupo está claramente diferenciada en raíz, tallo y hojas. Si bien los musgos, los licopodios y, sobre todo, los helechos presentan un desarrollo importante en su estructura, no pueden considerarse superiores, pues no se reproducen por medio de semillas.

Las plantas superiores abarcan dos grupos que se distinguen por la manera en que se presentan las semillas. Estos grupos son las gimnospermas y las angiospermas.

Las gimnospermas presentan sus semillas descubiertas, y se las ve en el fruto, entre unas hojas duras y superpuestas denominadas escamas; un ejemplo de estos frutos son las piñas de los pinos. En general, las gimnospermas se agrupan en bosques, crecen sobre suelos calcáreos o silíceos y son resistentes a las heladas, pero débiles ante la humedad excesiva. El hecho de que crezcan agrupadas en bosques tiene gran importancia ecológica.

En cuanto a las angiospermas, sus semillas se encuentran encerradas y protegidas dentro del fruto que se genera a partir del ovario. Esta rama de las plantas superiores es la más numerosa dentro del reino vegetal, con unas 250 000 especies. Son herbáceas o leñosas, y entre ellas hay hierbas, matas, arbustos y árboles.

Las angiospermas se dividen en monocotiledóneas y dicotiledóneas. Las primeras son menos evolucionadas. Cada grupo tiene características diferenciales. En las monocotiledóneas, la semilla no está dividida y el embrión posee una sola hoja, que se denomina cotiledón. Las flores suelen tener tres, seis o nueve pétalos; las hojas presentan nervaduras paralelas y las raíces son fasciculadas, es decir que carecen de un eje central. Este subgrupo de angiospermas comprende unas 40 000 especies, que crecen sobre todo en regiones templadas. La mayoría son herbáceas, de gran valor económico. Entre ellas se encuentran las gramíneas, como el trigo, el maíz, la cebada, el centeno, la avena, el mijo o el arroz.

En el otro grupo de angiospermas, conocido como dicotiledóneas, sus semillas poseen dos cotiledones, que serán las dos primeras hojas de la planta. Este grupo abarca casi 200 000 especies, que son utilizadas por el hombre especialmente en la industria alimentaria, en farmacología, en ornamentación y en construcción.

Constituyen más de la mitad de las especies vegetales que pueblan el planeta, y entre ellas se pueden mencionar rosas, claveles, madreselvas, violetas, margaritas, lotos, azaleas, amapolas, con flores de infinitas tonalidades, que también proveen a la industria del perfume.

Son dicotiledóneas varias especies de árboles, como sauces, acacias, castaños, robles; de hortalizas, como remolachas, nabos, coles, berros, zanahorias, perejil, papas, berenjenas, tomates, lechuga, sandías, melones y cardos. Los árboles frutales más conocidos del grupo son el ciruelo, el manzano, el peral, el cerezo y el olivo.

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La Fotosíntesis

Qué es la Fotosíntesis

La Fotosíntesis es el proceso por el cual los vegetales con clorofila convierten la energía luminosa en energía química. Para ello sintetizan -es decir, elaboran- sustancias orgánicas a partir de otras inorgánicas. Las plantas sintetizan hidratos de carbono a partir de agua y CO2, y en el curso de este proceso liberan oxígeno.


Esta acción de transformación de sustancias inorgánicas, que toman del ambiente, en tejido orgánico sólo puede ser realizada por las plantas y ciertos organismos unicelulares. Los vegetales sirven de alimento a los animales herbívoros, y éstos, a los carnívoros, por lo que la fotosíntesis constituye necesariamente el punto de partida de todas las cadenas tróficas (alimentarias).

Se ha estimado que en la Tierra se consumen 10 000 toneladas de oxígeno por segundo. Si este elemento no se renovara periódicamente, la atmósfera se saturaría de CO2. La reposición del oxígeno y la absorción del CO2 se realizan a través de la fotosíntesis. Las hojas son el laboratorio donde este proceso tiene lugar; para ello es necesario, además de la energía del sol, que la planta contenga magnesio, ya que este elemento es uno de los principales 
componentes de la clorofila.

Compuestos orgánicos
La fotosíntesis permite que el CO2 de la atmósfera sea incorporado a los sistemas vivos en forma de compuestos orgánicos. Las plantas y el fitoplancton -conjunto de plantas microscópicas de las superficies oceánicas- sintetizan carbohidratos, una parte de los cuales son aprovechados por los propios vegetales y otra, por los animales que se alimentan de ambos. El CO2 es devuelto al suelo, a la atmósfera y al agua por medio de dos procesos: la respiración de los seres vivos y la descomposición del carbono de los organismos muertos. En eso consiste el ciclo del carbono.

El CO2 es el único componente del aire atmosférico que absorbe calor de los rayos solares. El notable aumento de su concentración a partir de 1850, debido a la destrucción de áreas selváticas, la actividad industrial y el uso de combustibles fósiles podría tener el efecto de incrementar las temperaturas medias para el año 2040, con consecuencias imprevisibles.


El Fruto

Cómo se origina el fruto en las plantas

Una vez fecundada la Flor, en el interior del ovario el óvulo se convierte en semilla, mientras que los carpelos u hojas modificadas que forman el gineceo van transformándose para dar origen al fruto. Cuando éste madura, el producto de estas modificaciones se denomina pericarpio.

Un fruto carnoso muestra en su parte más profunda la semilla, que contiene al embrión, rodeada del pericarpio, el cual consta de tres capas: endocarpio (carozo), mesocarpio (pulpa) y epicarpio (cáscara).

Por su morfología, los frutos se clasifican en carnosos o secos. Los frutos carnosos tienen pericarpio de consistencia blanda, rico en jugos; en tanto que los secos tienen pericarpio leñoso o membranoso y con escaso contenido de agua. Éstos pueden der cápsulas (dehiscentes) o aquenios (indehiscentes).
Reciben el nombre de dehiscentes los que al madurar se abren solos y dejan salir las semillas, mientras que los indehiscentes son los que no se abren espontáneamente en su madurez.



Frutos agrupados
Algunas especies tienen sus frutos reunidos en infrutescencias. Otras generan muchos frutos a partir de una sola flor, y dan origen a los frutos compuestos.
Las infrutescencias son grupos de frutos que se forman a partir de inflorescencias (conjunto de flores reunidas), como el higo o el ananá. Cuando una inflorescencia es fecundada, cada flor se transforma en un fruto. Existen flores que tienen más de un ovario; cuando éstos son fecundados, de la única flor surge un grupo de frutos que crecen juntos. Son los llamados frutos compuestos, como la frutilla, la frambuesa o la mora.



¿Cómo se forma la semilla?
La semilla, órgano de propagación de las plantas con flor, se forma por la transformación que sufre el óvulo fecundado. Consta de una membrana externa que procede de la envoltura del óvulo (tegumento), de un embrión y de una reserva alimenticia o albumen. El embrión representa una miniatura de lo que será la planta; el albumen es la sustancia que constituye la reserva alimenticia; y los tegumentos protegen a la semilla, forman su cáscara o episperma y contribuyen a facilitar su diseminación.

Diseminación
El mecanismo de diseminación de las semillas tiene por finalidad que los nuevos individuos crezcan alejados de la planta madre para evitar la competencia. Puede darse de varias maneras. Las formas más frecuentes se llevan a cabo por efecto del viento o por la intervención de los animales. En este último caso se habla de la diseminación endozoica: el animal ingiere el fruto con las semillas y éstas, al pasar por el tracto digestivo, se vuelven aptas para germinar y salen al exterior con la defecación.


Germinación
Para que la germinación ocurra es necesario que ciertos factores, como temperatura, humedad y maduración de la semilla, sean los adecuados para la especie. En el proceso de la germincación las sustancias de reserva que se hallan dentro de la semilla se consumen para dar paso al crecimiento del embrión. Lo primero que sale es la radícula. Que dará origen a la raíz primaria de la planta. Luego surgen el tallo y los cotiledones. Cuando la plántula ha agotado las reservas almacenadas en la semilla comienza a nutrirse de los minerales del suelo.

Frutos frescos y secos
Hay dos grandes grupos: los carnosos y los secos. Los primeros pueden ser verdaderos o falsos; los segundos dehiscentes o indehiscentes.
Los frutos carnosos, son todos los que tienen el pericarpio carnoso, rico en jugos que de ordinario son azucarados, sabrosos y nutritivos. En este grupo entran muchos frutos comestibles.

Los frutos carnosos verdaderos, son todos los carnosos formados exclusivamente por el engrosamiento del ovario de la flor.

Drupa es el llamado "Fruto con hueso": efectivamente, el pericarpio en él es una delgada membrana, el mesocarpio es grueso y carnoso, pero el endocarpio es duro y leñoso, formando el hueso o carozo que protege la semilla.
La baya es semejante a la drupa, pero le falta el endocarpio leñoso; la pulpa, en general, es muy jugosa.

Cucurbitáceas: la masa filamentosa en la que están sumergidas las semillas es la parte más interna (endocarpio) del fruto; el mesocarpio es pulposo y el epicarpio es a veces casi leñoso.

Hesperidio: es el singular fruto producido por las plantas cítricas. El epicarpio constituye la parte de la cáscara de color fuerte, mientras el mesocarpio es la parte blanca y seca de la cáscara. El endocarpio es la delgada membrana que envuelve los gajos que son los revestimientos protectores de las semillas.



Los frutos carnosos falsos, son todos los frutos constituidos merced al engrosamiento del ovario y de otras partes de la flor. El pomo es el fruto formado por el engrosamiento del receptáculo, la parte que por lo general sirve sólo para sostener la flor; pero las flores que producen estos frutos tienen el ovario hundido en el receptáculo. Éste, al enriquecerse de sustancias azucaradas, forma la pulpa sabrosa del fruto; el ovario se transforma en la parte que contiene las semillas.

Muchas flores reunidas en un único grupo reciben el nombre de inflorescencias. Cuando una inflorescencia es fecundada, en el lugar de cada flor se forma un fruto; se produce así, muchos frutos reunidos en un único grupo. Tales son los higos, que tienen pequeños frutos secos (o aquenios) semejantes a granitos negros encerrados en la pulpa carnosa. Por esta particular conformación el fruto de la higuera recibe el nombre de sicono.

Existen flores que contienen no uno solo, sino numerosos ovarios. Cuando éstos son fecundados, de la única flor surge un grupo de frutos que crecen todos juntos: se llaman frutos compuestos. Nace así las frambuezas y las zarzamoras, constituidas por pequeñas drupas adheridas una a la otra. También las fresas son frutos compuestos que contienen aquenios: puntos que cubrem la superficie, sostenidos por una masa roja y carnosa originada por el engrosamiento del receptáculo.

Los frutos dehiscentes, son aquellos que, cuando están bien maduros, se abren espontáneamente para dejar salir las semillas.

Los frutos secos, son todos los que tienen el pericarpio leñoso o membranoso, casi desprovisto de agua.

Legumbre o vaina: encierra todos los frutos de las plantas pertenecientes a la familia de las leguminosas.

Silicua-silícula: es semejante a la legumbre, pero un su interior está a menudo dividida en dos partes por una laminilla que lleva semillas.

Cápsula: para permitir la salida de las semillas, estos frutos están provistos de una "tapita" o de agujeritos; otras veces se abren en gajos.

Los frutos secos indehiscentes, son aquellos que, aún cuando están maduros, no se abren espontáneamente. 

Aquenio: estos frutos se reducen a una única membrana coriácea que envuelve la semilla. 

Cariópside: son los conocidos "granos" de las gramíneas; similares a los aquenios, pero en ellos el pericarpio coriáceo está muy adherido a la semilla. 

Sámara: es un aquenio provisto de "alas" membranosas.

Nuez: es el fruto que presenta una capa externa lechosa a menudo cubierta, totalmente o en parte, por una envoltura; a esta variedad no pertenece la nuez verdadera, que es una drupa.

La Flor

El conjunto de órganos reproductivos de la planta recibe el nombre de flor y cumple la función de perpetuar la especie por medio de la reproducción sexual. Así como las plantas inferiores carecen de flor, las superiores se caracterizan por tenerla. Algunas presentan los óvulos al descubierto (gimnospermas) y otras, encerrados dentro de un ovario (angiospermas).

Estructura de la Flor
En general, las flores de las angiospermas se disponen en forma concéntrica, en cuatro verticilos o grupos de piezas dispuestos alrededor de un eje central llamado pedúnculo. Éste se ensancha para dar lugar al receptáculo, donde se insertan los verticilos: el cáliz, la corola, el androceo (verticilo masculino, donde se forma el polen) y el gineceo (verticilo femenino, formado por carpelos con tres partes: ovario, estilo y estigma). El cáliz, que conforma la cubierta externa de la flor, está constituido por hojas modificadas llamadas sépalos, que por lo general son de color verde y sirven para proteger a las demás piezas florales. La corola consiste en un número determinado de pétalos, según la especie. Los pétalos son también hojas modificadas, aunque por su color, diseño y forma resultan visualmente muy diferentes de las hojas, y su función es la de atraer a los polinizadores. Dentro de la corola se encuentra una glándula o nectario, que segrega un jugo azucarado denominado néctar.

Las plantas gimnospermas, que poseen óvulos al descubierto, se caracterizan por tener flores poco vistosas, sin cáliz ni corola. Sólo poseen escamas ovulíferas (hojas modificadas).

Proceso de Fecundación
La fecundación es el proceso por el cual los granos de polen entran en contacto con los óvulos (polinización), que se desarrollarán como semillas. El proceso es mucho más complejo que lo enunciado; tiene gran importancia, por ejemplo, la polinización cruzada -es decir, entre dos flores de la misma especie-, lograda con la intervención de insectos que, mientras liban el néctar de flor en flor, transportan en sus cuerpos los granos de polen, o bien por la acción del viento.

Flores agrupadas
Muchas especies tienen su flores dispuestas en grupos que reciben el nombre de inflorescencias. A pesar de que en este caso cada flor es más pequeña, el conjunto se torna más atractivo para los insectos polinizadores. Existen distintos tipos de inflorescencias, como, por ejemplo, el racimo, en el caso del repollo; la espiga compuesta, en el trigo; y el capítulo, en el girasol.


Dos fases importantes
La vida de cada planta se desenvuelve a través de dos tiempos o fases: la vegetativa y la reproductiva. Durante la primera, la planta crece, se fortifica. Pero, en un momento dado, debe obedecer a la necesidad de perpetuar la especie, a veces sacrificando su propia vida. Comienza entonces la segunda fase, durante la cual la planta  adquiere capacidad y características nuevas, en otras palabras, eo vegetal florece y en sus flores se forman las semillas, que se convertirán en nuevas plantas. La distancia y las relaciones entre una fase y otra son muy diversas en las distintas especies vegetales, y configuran, precisamente, la singularidad de cada una de ellas, pues constituyen manifestaciones propias de su ciclo vital.


Plantas monocárpicas y policárpicas
Las plantas monocárpicas son las que florecen y fructifican una sola vez; y policárpicas, las que lo hacen más veces. Entre las primeras están las anuales y las bienales, que viven uno o dos años, respectivamente. Mueren en seguida después de haber dado flores y frutos, es decir, los elementos fundamentales para la perpetuación de la especie, dado que en ellos aparece la semilla.
Existe también un tercer tipo de plantas monocárpicas, que permanecen en la fase vegetativa durante largo número de años y por fin florecen, maduran sus semillas y poco después mueren. Pertenecen a este tipo las pitas mexicanas, que florecen sólo al octavo o décimo año de vida; pero si se cultivan en otros lugares que no sean su tierra de origen y en distintas condiciones de vida, tardan en florecer hasta cincuenta y cien años. Un comportamiento similar tienen algunas palmeras, el banano y el bambú. Por tanto, en las plantas monocárpicas la floración y la sucesiva maduración de las semillas son inmediatamente seguidas de la muerte de la planta, que agota todas sus reservas vitales en la formación de las semillas.


Las plantas policárpicas dan flores y frutos repetidas veces y son en su mayoría plantas leñosas y perennes. El comienzo del primer período reproductivo depende de la edad de la planta. Las hay que florecen después de cinco o diez años, como algunos frutales; otras, como el tilo, el arce, el alerce, a la edad de treinta años; otras, como la encina, el castaño y el olmo, permanecen en estado vegetativo hasta los cuarenta o sesenta años, época en que se lleva a cabo la primera floración.

¿Cómo se forma la semilla?
La flor es el órgano que cumple la importante función de intervenir en el proceso de formación de la semilla, elemento indispensable para que se verifique la reproducción de la planta. Para llevar a cabo esta misión, la flor está provista de órganos característicos, que se pueden observar en la siguiente ilustración:


Transformación
Los óvulos son los órganos destinados a transformarse en semillas. Para que esta transformación tenga lugar, es imprescindible que los óvulos se pongan en contacto con un grano de polen, que es producido por las anteras. Es menester que este polen sea llevado hasta la punta del pistilo, desde donde podrá descender al ovario para encontrarse con los óvulos. Se formará entonces la semilla, y la flor habrá cumplido su misión.

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