El Fruto

Cómo se origina el fruto en las plantas

Una vez fecundada la Flor, en el interior del ovario el óvulo se convierte en semilla, mientras que los carpelos u hojas modificadas que forman el gineceo van transformándose para dar origen al fruto. Cuando éste madura, el producto de estas modificaciones se denomina pericarpio.

Un fruto carnoso muestra en su parte más profunda la semilla, que contiene al embrión, rodeada del pericarpio, el cual consta de tres capas: endocarpio (carozo), mesocarpio (pulpa) y epicarpio (cáscara).

Por su morfología, los frutos se clasifican en carnosos o secos. Los frutos carnosos tienen pericarpio de consistencia blanda, rico en jugos; en tanto que los secos tienen pericarpio leñoso o membranoso y con escaso contenido de agua. Éstos pueden der cápsulas (dehiscentes) o aquenios (indehiscentes).
Reciben el nombre de dehiscentes los que al madurar se abren solos y dejan salir las semillas, mientras que los indehiscentes son los que no se abren espontáneamente en su madurez.



Frutos agrupados
Algunas especies tienen sus frutos reunidos en infrutescencias. Otras generan muchos frutos a partir de una sola flor, y dan origen a los frutos compuestos.
Las infrutescencias son grupos de frutos que se forman a partir de inflorescencias (conjunto de flores reunidas), como el higo o el ananá. Cuando una inflorescencia es fecundada, cada flor se transforma en un fruto. Existen flores que tienen más de un ovario; cuando éstos son fecundados, de la única flor surge un grupo de frutos que crecen juntos. Son los llamados frutos compuestos, como la frutilla, la frambuesa o la mora.



¿Cómo se forma la semilla?
La semilla, órgano de propagación de las plantas con flor, se forma por la transformación que sufre el óvulo fecundado. Consta de una membrana externa que procede de la envoltura del óvulo (tegumento), de un embrión y de una reserva alimenticia o albumen. El embrión representa una miniatura de lo que será la planta; el albumen es la sustancia que constituye la reserva alimenticia; y los tegumentos protegen a la semilla, forman su cáscara o episperma y contribuyen a facilitar su diseminación.

Diseminación
El mecanismo de diseminación de las semillas tiene por finalidad que los nuevos individuos crezcan alejados de la planta madre para evitar la competencia. Puede darse de varias maneras. Las formas más frecuentes se llevan a cabo por efecto del viento o por la intervención de los animales. En este último caso se habla de la diseminación endozoica: el animal ingiere el fruto con las semillas y éstas, al pasar por el tracto digestivo, se vuelven aptas para germinar y salen al exterior con la defecación.


Germinación
Para que la germinación ocurra es necesario que ciertos factores, como temperatura, humedad y maduración de la semilla, sean los adecuados para la especie. En el proceso de la germincación las sustancias de reserva que se hallan dentro de la semilla se consumen para dar paso al crecimiento del embrión. Lo primero que sale es la radícula. Que dará origen a la raíz primaria de la planta. Luego surgen el tallo y los cotiledones. Cuando la plántula ha agotado las reservas almacenadas en la semilla comienza a nutrirse de los minerales del suelo.

Frutos frescos y secos
Hay dos grandes grupos: los carnosos y los secos. Los primeros pueden ser verdaderos o falsos; los segundos dehiscentes o indehiscentes.
Los frutos carnosos, son todos los que tienen el pericarpio carnoso, rico en jugos que de ordinario son azucarados, sabrosos y nutritivos. En este grupo entran muchos frutos comestibles.

Los frutos carnosos verdaderos, son todos los carnosos formados exclusivamente por el engrosamiento del ovario de la flor.

Drupa es el llamado "Fruto con hueso": efectivamente, el pericarpio en él es una delgada membrana, el mesocarpio es grueso y carnoso, pero el endocarpio es duro y leñoso, formando el hueso o carozo que protege la semilla.
La baya es semejante a la drupa, pero le falta el endocarpio leñoso; la pulpa, en general, es muy jugosa.

Cucurbitáceas: la masa filamentosa en la que están sumergidas las semillas es la parte más interna (endocarpio) del fruto; el mesocarpio es pulposo y el epicarpio es a veces casi leñoso.

Hesperidio: es el singular fruto producido por las plantas cítricas. El epicarpio constituye la parte de la cáscara de color fuerte, mientras el mesocarpio es la parte blanca y seca de la cáscara. El endocarpio es la delgada membrana que envuelve los gajos que son los revestimientos protectores de las semillas.



Los frutos carnosos falsos, son todos los frutos constituidos merced al engrosamiento del ovario y de otras partes de la flor. El pomo es el fruto formado por el engrosamiento del receptáculo, la parte que por lo general sirve sólo para sostener la flor; pero las flores que producen estos frutos tienen el ovario hundido en el receptáculo. Éste, al enriquecerse de sustancias azucaradas, forma la pulpa sabrosa del fruto; el ovario se transforma en la parte que contiene las semillas.

Muchas flores reunidas en un único grupo reciben el nombre de inflorescencias. Cuando una inflorescencia es fecundada, en el lugar de cada flor se forma un fruto; se produce así, muchos frutos reunidos en un único grupo. Tales son los higos, que tienen pequeños frutos secos (o aquenios) semejantes a granitos negros encerrados en la pulpa carnosa. Por esta particular conformación el fruto de la higuera recibe el nombre de sicono.

Existen flores que contienen no uno solo, sino numerosos ovarios. Cuando éstos son fecundados, de la única flor surge un grupo de frutos que crecen todos juntos: se llaman frutos compuestos. Nace así las frambuezas y las zarzamoras, constituidas por pequeñas drupas adheridas una a la otra. También las fresas son frutos compuestos que contienen aquenios: puntos que cubrem la superficie, sostenidos por una masa roja y carnosa originada por el engrosamiento del receptáculo.

Los frutos dehiscentes, son aquellos que, cuando están bien maduros, se abren espontáneamente para dejar salir las semillas.

Los frutos secos, son todos los que tienen el pericarpio leñoso o membranoso, casi desprovisto de agua.

Legumbre o vaina: encierra todos los frutos de las plantas pertenecientes a la familia de las leguminosas.

Silicua-silícula: es semejante a la legumbre, pero un su interior está a menudo dividida en dos partes por una laminilla que lleva semillas.

Cápsula: para permitir la salida de las semillas, estos frutos están provistos de una "tapita" o de agujeritos; otras veces se abren en gajos.

Los frutos secos indehiscentes, son aquellos que, aún cuando están maduros, no se abren espontáneamente. 

Aquenio: estos frutos se reducen a una única membrana coriácea que envuelve la semilla. 

Cariópside: son los conocidos "granos" de las gramíneas; similares a los aquenios, pero en ellos el pericarpio coriáceo está muy adherido a la semilla. 

Sámara: es un aquenio provisto de "alas" membranosas.

Nuez: es el fruto que presenta una capa externa lechosa a menudo cubierta, totalmente o en parte, por una envoltura; a esta variedad no pertenece la nuez verdadera, que es una drupa.

La Flor

El conjunto de órganos reproductivos de la planta recibe el nombre de flor y cumple la función de perpetuar la especie por medio de la reproducción sexual. Así como las plantas inferiores carecen de flor, las superiores se caracterizan por tenerla. Algunas presentan los óvulos al descubierto (gimnospermas) y otras, encerrados dentro de un ovario (angiospermas).

Estructura de la Flor
En general, las flores de las angiospermas se disponen en forma concéntrica, en cuatro verticilos o grupos de piezas dispuestos alrededor de un eje central llamado pedúnculo. Éste se ensancha para dar lugar al receptáculo, donde se insertan los verticilos: el cáliz, la corola, el androceo (verticilo masculino, donde se forma el polen) y el gineceo (verticilo femenino, formado por carpelos con tres partes: ovario, estilo y estigma). El cáliz, que conforma la cubierta externa de la flor, está constituido por hojas modificadas llamadas sépalos, que por lo general son de color verde y sirven para proteger a las demás piezas florales. La corola consiste en un número determinado de pétalos, según la especie. Los pétalos son también hojas modificadas, aunque por su color, diseño y forma resultan visualmente muy diferentes de las hojas, y su función es la de atraer a los polinizadores. Dentro de la corola se encuentra una glándula o nectario, que segrega un jugo azucarado denominado néctar.

Las plantas gimnospermas, que poseen óvulos al descubierto, se caracterizan por tener flores poco vistosas, sin cáliz ni corola. Sólo poseen escamas ovulíferas (hojas modificadas).

Proceso de Fecundación
La fecundación es el proceso por el cual los granos de polen entran en contacto con los óvulos (polinización), que se desarrollarán como semillas. El proceso es mucho más complejo que lo enunciado; tiene gran importancia, por ejemplo, la polinización cruzada -es decir, entre dos flores de la misma especie-, lograda con la intervención de insectos que, mientras liban el néctar de flor en flor, transportan en sus cuerpos los granos de polen, o bien por la acción del viento.

Flores agrupadas
Muchas especies tienen su flores dispuestas en grupos que reciben el nombre de inflorescencias. A pesar de que en este caso cada flor es más pequeña, el conjunto se torna más atractivo para los insectos polinizadores. Existen distintos tipos de inflorescencias, como, por ejemplo, el racimo, en el caso del repollo; la espiga compuesta, en el trigo; y el capítulo, en el girasol.


Dos fases importantes
La vida de cada planta se desenvuelve a través de dos tiempos o fases: la vegetativa y la reproductiva. Durante la primera, la planta crece, se fortifica. Pero, en un momento dado, debe obedecer a la necesidad de perpetuar la especie, a veces sacrificando su propia vida. Comienza entonces la segunda fase, durante la cual la planta  adquiere capacidad y características nuevas, en otras palabras, eo vegetal florece y en sus flores se forman las semillas, que se convertirán en nuevas plantas. La distancia y las relaciones entre una fase y otra son muy diversas en las distintas especies vegetales, y configuran, precisamente, la singularidad de cada una de ellas, pues constituyen manifestaciones propias de su ciclo vital.


Plantas monocárpicas y policárpicas
Las plantas monocárpicas son las que florecen y fructifican una sola vez; y policárpicas, las que lo hacen más veces. Entre las primeras están las anuales y las bienales, que viven uno o dos años, respectivamente. Mueren en seguida después de haber dado flores y frutos, es decir, los elementos fundamentales para la perpetuación de la especie, dado que en ellos aparece la semilla.
Existe también un tercer tipo de plantas monocárpicas, que permanecen en la fase vegetativa durante largo número de años y por fin florecen, maduran sus semillas y poco después mueren. Pertenecen a este tipo las pitas mexicanas, que florecen sólo al octavo o décimo año de vida; pero si se cultivan en otros lugares que no sean su tierra de origen y en distintas condiciones de vida, tardan en florecer hasta cincuenta y cien años. Un comportamiento similar tienen algunas palmeras, el banano y el bambú. Por tanto, en las plantas monocárpicas la floración y la sucesiva maduración de las semillas son inmediatamente seguidas de la muerte de la planta, que agota todas sus reservas vitales en la formación de las semillas.


Las plantas policárpicas dan flores y frutos repetidas veces y son en su mayoría plantas leñosas y perennes. El comienzo del primer período reproductivo depende de la edad de la planta. Las hay que florecen después de cinco o diez años, como algunos frutales; otras, como el tilo, el arce, el alerce, a la edad de treinta años; otras, como la encina, el castaño y el olmo, permanecen en estado vegetativo hasta los cuarenta o sesenta años, época en que se lleva a cabo la primera floración.

¿Cómo se forma la semilla?
La flor es el órgano que cumple la importante función de intervenir en el proceso de formación de la semilla, elemento indispensable para que se verifique la reproducción de la planta. Para llevar a cabo esta misión, la flor está provista de órganos característicos, que se pueden observar en la siguiente ilustración:


Transformación
Los óvulos son los órganos destinados a transformarse en semillas. Para que esta transformación tenga lugar, es imprescindible que los óvulos se pongan en contacto con un grano de polen, que es producido por las anteras. Es menester que este polen sea llevado hasta la punta del pistilo, desde donde podrá descender al ovario para encontrarse con los óvulos. Se formará entonces la semilla, y la flor habrá cumplido su misión.

Las Yemas

Cuando al comienzo de cada primavera, las plantas se recubren de tiernas hojas, parece que se iniciara para ella una nueva vida. Este milagro de la naturaleza, que se repite anualmente, se debe a pequeñas protuberancias cerradas y bien protegidas, destinadas a convertirse en ramas, hojas y flores: las yemas.

Las yemas terminales o apicales, que se encuentran en el extremo del tronco y de cada una de las ramas, originarán el prolongamiento de esos órganos. Las yemas axilares, colocadas en la inserción de las hojas y de las ramas, se transformarán en nuevas ramas y nuevas hojas, o terminarán por convertirse en flores.


Existen también, en toda la planta, las yemas latentes, que pueden subsistir mucho tiempo, a veces hasta más de cien años, dentro de la corteza, sin dar signos de desarrollarse. Únicamente se mostrarán en caso de necesidad, si la intemperie, factores naturales, accidentes o la mano del hombre, causaran la destrucción de los demás brotes.

Las yemas se encargan, no sólo del crecimiento y del despertar periódico de las plantas, sino que también intervienen en cualquier momento, situaciones de emergencia, transformándose en los elementos más necesarios para la supervivencia de la misma planta.

Si cortamos, por ejemplo, la parte más alta del tronco de un abeto, la yema terminal de una de las ramas laterales se abre y prolonga la rama; entonces esta yema, en vez de dirigirse horizontalmente, se orienta tomando el puesto del extremo del tronco que ha sido cortado.

Partes de la Yema
En su parte externa, las yemas se presentan formadas por escamas (pérulas) robustas, coriáceas, colocadas una sobre otra a manera de tejas (imbricadas). Las capas de escamas son numerosas, ys que deben proteger la parte más interna y delicada del retoño: el ápice vegetativo, constituido por células muy internas, capaces de transformarse en ramas, hojas y flores.

Las escamas son ayudadas, a menudo, en su misión de protección. Por ejemplo: en el castaño de Indias se encuentran revestidas, en su parte interna, por una gruesa piel; en algunas plantas (álamo negro) están embreadas con resina. Es característica la protección del brote de coliflor, constituida por una yema muy desarrollada; puede decirse que es una planta compuesta por una sola yema y sobre ésta están adosadas todas las hojas.

Tipos de Yemas
En las plantas pueden distinguirse dos tipos de yemas: las florales, más bien redondeadas, que se transformarán en flores, y las leñosas, que darán tiernas ramas y hojas. Por lo general, las ramas altas de la planta llevan sólo yemas leñosas, mientras que en las demás se encuentran yemas de ambas características. Según la disposición y la cantidad de las yemas, el fruticultor se guía para la poda de las especies frutales.


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De la Raíz al Fruto
El Tallo
La Hoja
La Flor
El Fruto

La Hoja

Las hojas son órganos en forma de láminas, de crecimiento definido, que por lo común se expanden desde el tallo en sentido lateral. Su disposición y el funcionamiento de sus células y tejidos les confieren función protagónica en distintos procesos bioquímicos de las plantas. En las hojas tiene lugar la fotosíntesis; allí también se producen los procesos de respiración y transpiración de la planta.


La hoja normal o nomófilo está constituida de tres partes: la base foliar, el pecíolo y la lámina o limbo. La base foliar une la hoja al tallo y, generalmente, está ensanchada en el punto de unión. El pecíolo es un rabillo que une la base foliar con el limbo soportando su peso; además, a través de él pasa el nervio principal, que transporta las sustancias del tallo a la hoja y viceversa. El limbo es una lámima muy delgada; esa característica hace que las células queden perfectamente expuestas a la luz solar, para el proceso de fotosíntesis. El limbo posee dos caras: una superior, el haz, y otra inferior, el envés.

Estructura de la Hoja
En un corte transversal del limbo, el examen microscópico revela la existencia de tres capas, del haz al envés: la epidermis superior (adaxial), el mesófilo y la epidermis inferior (abaxial).

La epidermis es el tejido protector de la planta. En la hoja, las dos epidermis están compuestas por células firmemente unidas entre sí, las cuales segregan una sustancia denominada cutina. La cutina forma una cubierta sobre la superficie externa de la epidermis, llamada cutícula.

El mesófilo está formado por tejido parenquimático, que es fundamental, ya que en él ocurre la mayoría de las reacciones químicas de la planta.

Formas y tamaños de las Hojas
Las hojas pueden ser clasificadas según distintos criterios. La diversidad de sus formas y tamaños está en correlación con los ambientes en los que viven las plantas, y a los cuales deben adaptarse. Las hojas simples son aquellas en las que de cada pecíolo surge un solo limbo. Las hojas compuestas son las que presentan varias hojuelas articuladas separadamente, conocidas como folíolos.
Por la disposición de las nervaduras en el envés del limbo, las hojas pueden ser uninervias o plurinervias. La uninervias poseen una sola nervadura. Son típicas de muchas coníferas, como los pinos. Las plurinervias cuentan con varios nervios que, a su vez, pueden desplegarse de diversos modos.

Forma de las Hojas
Observemos una rama frondosa de una planta cualquiera. Podemos notar que las hojas, en las ramas, lejos de estar colocadas en forma arbitraria, responden a un ordenamiento bien determinado. Este fenómeno fue descubierto y estudiado por primera vez por Leonardo da Vinci, quien también aplicó a la botánica su genio universal. En su "Tratado de la pintura" puede leerse: "La naturaleza ha colocado las hojas de las últimas ramas de muchas plantas, de tal forma que siempre la sexta hoja esté sobre la primera, y así sucesivamente, salvo en los casos que la regla es obstaculizada...".

Si se observa de arriba hacia abajo una rama, veremos que la primera hoja, la que está en la punta de la rama, crece en una dirección separada respecto de la segunda, y así sucesivamente, hasta que sólo la sexta viene a encontrarse en la misma dirección que la primera y por tanto puesta exactamente debajo de ésta. No siempre aparece una disposición semejante; en muchas plantas la hoja que está debajo de la primera no es la sexta. ¿Y por qué razón las hojas crecen en las ramas de esta manera? Para no hacerse sombra la una de la otra y poder así gozar igualmente de la luz del sol.

El Tallo

El Tallo vincula las raíces con las hojas. Su crecimiento se produce en sentido opuesto al de la raíz. Sirve de soporte a hojas, flores y frutos, y cumple la función de transporte, por medio de la savia, y de almacenamiento de agua y sustancias de reserva.


Exteriormente, el desarrollo en longitud de un tallo y su ramificación se producen a partir de las yemas, abultamientos que contienen un tejido de crecimiento denominado meristema apical. Existen dos tipos de yemas: las terminales, que están situadas en el extremo del tallo, y las axilares o laterales, que dan origen a las ramas o tallos secundarios.


Si se practica un corte transversal de un tallo y se lo somete a examen microscópico, se observará que su estructura interior presenta dos partes bien diferenciadas: primaria y secundaria. La primaria es la que aparece durante el primer año de vida de la planta. Consta de tres capas concéntricas: la epidermis, la corteza y el cilindro central.


La epidermis es la zona externa, y está constituida por una capa de células que presentan orificios denominados estomas. La corteza está compuesta por una parénquima cortical o clorofílico -tejido específico de los vegetales, formado por células esféricas o cúbicas-. Por último el cilindro central está formado por el periciclo, ubicado dentro del endodermo, y el parénquima medular, constituido por células desprovistas de clorofila, que forma los radios medulares y los vasos conductores, por donde circula la savia. Estos conductos se disponen en un solo haz.


A medida que el tallo aumenta su diámetro año tras año, se origina y crece la estructra secundaria, caracterizada por la aparición de dos tejidos o meristemas secundarios: el cámbium y el felógeno.


Diferentes tipos de Tallo
Lo habitual es que el tallo sea aéreo. Sin embargo, en ciertas plantas es subterráneo y desempeña la función de órgano de reserva. Entre los tallos aéreos se pueden distinguir tres clases: arbóreo, arbustivo y herbáceo. El árboreo es leñoso, grueso y macizo. La porción comprendida entre la base y la ramificación, o entre la base y el extremo de la copa, es denominada tronco. El arbustivo, por lo general, es leñoso, pero su ramificación arranca desde la base y su altura no supera los cinco metros. Cuando su longitud no supera el metro de altura se le denomina herbáceo.



Entre los tallos subterráneos se distinguen tres tipos: bulbos, rizomas y tubérculos.

Tipos de tallo
Las hojas y las raíces son suficientes para que la planta viva; pero si todas las plantas estuvieran formadas sólo por raíces y hojas, el terreno estaría cubierto por un conglomerado espantoso de ramas, hojas y hierbas. Para tener espacio, para hallar luz y aire, las plantas han tratado de separarse de la tierra, de elevar sus hojas lo más posible. Así, han formado una especie de "columna" que mantiene elevados el follaje, las flores y los frutos: el tallo o tronco.

Algunos tallos son raros, la naturaleza no hace nada sin tener motivos. Si algunas plantas poseen tallos de forma insólita es porque así lo requieren la propia estructura y la naturaleza del medio en que viven.

Tallos ventosa, en la vid americana (Ampelopsis quinquefolia) algunas ramas se han convertido en unos extraños órganos que le sirven para asirse: los zarcillos. En su extremidad éstos poseen ensanchamientos en forma de disco, que funcionan como ventosas. La planta, adhiriéndose a ellos, alcanza mejor la luz solar.

Tallos espina, si observamos una planta de espino albar o majuelo (Crataegus oxyacantha), o un ejemplar de arbusto del género Colletia, veremos que se encuentran provistos de largas espinas. Pero estas "espinas" tienen pequeñísimos folíolos en forma de escamas. Las espinas no son sino delgadísimos tallos transformados, que defienden a la planta de los herbívoros.

Tallo esférico, algunas plantas de la familia de las cactáceas (Echinocactus, Manillaria) tienen el tallo de perfecta forma esférica. Las agudísimas espinas de esta planta no son otra cosa que talluelos transformados. El tronco, enormemente dilatado, sirve para almacenar agua, muy escasa en las zonas áridas y desérticas en que vive la planta. Las hojas se han transformado en espinas para disminuir la pérdida de agua por evaporación.

Tallo espátula, en la Opuncia, el tronco es aplanado y forma una fila de artejos ovales, reducidos en la base. Parecen hojas, pero emiten yemas floríferas; por consiguiente, son tallos. Como esta planta carece de hojas, el ensanchamiento del tallo sirve principalmente para exponer una mayor superficie a la luz y favorecer así la función clorofílica.

Tallo cinta, en la Muhelenmboeckia, planta bastante común, y en muchas otras, el tallo toma la forma de una larga cinta de la cual surgen escasas hojas en escamas. Se trata siempre de una defensa frente a la aridez del ambiente.
Tallo pala, la palas o pencas del nopal parecen hojas. Pero se trata de tallos aplanados que, como los troncos en espátula o cinta, se denominan cladodios. Las hojas están transformadas en espinas y los tallos recubiertos con una sustancia cerosa, impermeable. La transformación es una simple adaptación al ambiente árido en que vive la planta.



Tallo hoja, si observamos una planta de rusco (Ruscus oculeatus), nos asombra ver una infinidad de hojitas unidas al tallo. Pero una mirada basta para comprobar que, precisamente en el centro de tales "hojitas", apuntan flores y frutos. Porque tampoco ellas son tallos caprichosamente transformados (filóclados). Como en el caso de los tallos en forma de pala, también en  el rusco faltan prácticamente las hojas, y los tallos se hallan impermeabilizados. Una vez más, se trata de un sistema de adaptación a la sequedad del ambiente.


De la Raíz al Fruto

La posición de los órganos de las plantas, sus funciones y las distintas transformaciones son analizadas por la anatomía y la morfología botánicas, que se aplican especialmente a las plantas superiores o fanerógamas, que presentan ya una estructura diferenciada en la que se observan órganos vegetativos (raíz, tallo, hojas) y órganos reproductivos (flores y frutos).

La raíz, como todos los seres vivos, las plantas necesitan extraer sustancias nutritivas del medio que los rodea. La función de la raíz es doble: por un lado, absorber el agua y los minerales disueltos en ella; y, por otro, fijar la planta.


Estructura, una raíz puede hallarse en etapa de desarrollo primaria o secundaria. Si se practica un corte en una raíz primaria a la altura de los pelos absorbentes, se observarán dos zonas: la corteza, o zona cortical, y el cilindro central.

En la corteza, desde fuera hacia adentro, se disponen la epidermis, el parénquima cortical y la encodermis.
La epidermis es la parte externa, formada por una sola capa de células que, al reproducirse da lugar a los pelos absorbentes.
Debajo de la epidermis está el parénquima cortical: un parénquima es un tejido vegetal formado por células esféricas o cúbicas separadas entre sí por espacios huecos llamados meatos. El parénquima cortical de la raíz está formado por muchas capas de células, generalmente desprovistas de clorofila. El aspecto de este parénquima suele ser rígido, y en general acumula sustancias de reserva (almidón).

Las raíces de estructura secundaria son más complejas. Poseen dos cilindros de células de crecimiento, llamados cámbium y felógeno. El cámbium se sitúa en el cilindro central, entre los tejidos vasculares. El felógeno está en el cilindro cortical; hacia adentro, produce células de relleno y el parénquima cortical, y hacia afuera, capas de tejido fibroso que cumplen la función de protección y aislación.

Tipos de raíz, en los lugares desérticos, las plantas impulsan sus raíces a grandes profundidades para alcanzar las napas acuíferas subterráneas. En cambio, en las zonas muy húmedas, las raíces, dado que el agua eatá cercana a la superficie del terreno, se ramifican apenas bajo la capa superficial extendiéndose horizontalmente; muchas, de este modo, emiten raíces aéreas que absorben la humedad directamente del aire.

En las zonas templadas las plantas desarrollan sus raíces en proporción al tamaño de la parte aérea.

Aproximadamente, la raíz representa en peso el 20 - 30 % de toda la planta. Naturalmente cada planta posee una raíz particular que se desarrolla más o menos extensamente según la estructura y la fertilidad del terreno. Todas las raíces se pueden dividir en dos grandes tipos: raíces principales y raíces fasciculadas o hacinadas.

La raíz napiforme de diente de león, por ejemplo, es una raíz principal que se alarga siempre hacia abajo y lleva raíces laterales que no alcanzan nunca la longitud de la principal.

La raíz fasciculada de ricino es un tipo de raíz principal que termina pronto de alargarse y es superada en longitud por las laterales que forman un penacho más o menos grande.

En la planta de zanahoria el nabo de la raíz se vuelve grueso y carnoso; no solamente fija al terreno la planta y lleva a las hojas el agua absorbida por los pelos radicales, sino que también constituye una reserva de sustancias nutritivas. Raíces del mismo tipo son las de la remolacha, el nabo y el rábano, que es una especie de nabo grueso de sabor fuertemente picante.
La verdadera raíz comienza donde aparecen las primeras raíces laterales; el trecho superior constituye el hipocotile, que es parte del tallo que se desarrolla debajo de los cotiledones del embrión.

Las raíces adventicias, son las que no derivan directamente de la raicilla del embrión, sino del tallo o de las hojas.
En una planta de maíz, pueden obervarse en los nudos del tallo numerosísimas raíces más vigorosas cuanto más elevadas (este fenómeno se puede observar en todos los cereales).

Los mangles crecen en las costas pantanosas de los mares tropicales. Las raíces principales sumergidas en un fango pobre de oxígeno mueren pronto. Del tallo y de las ramas nacen raíces que se hunden oblicuamente en el fango sosteniendo a guisa de zancos a la planta. Comúnmente durante la marea alta las raíces se sumergen, pero luego reaparecen en la marea baja y entonces pueden respirar.



En la Ficus bengalensis o higuera sagrada, una sola planta puede formar un pequeño bosque. De las ramas gruesas y larguísimas descienden enormes raíces aéreas que primeramente cuelgan suspendidas; luego, llegadas a tierra, se implantan funcionando como raíces normales. Las raíces se vuelven gruesas y robustas, en forma de columnas, de manera que pueden sostener las largas ramas que se extienden horizontalmente.

En busca de alimento
La raíz es, la parte de la planta que penetra en la tierra para buscar y absorber el alimento. Se alarga y ramifica para explorar la mayor cantidad posible de terreno, en procura de agua. El trabajo más duro, naturalmente, lo hace la punta de la raíz, que debe perforar el suelo. Por eso, todas las raíces tienen en su punta una especie de cofia formada por muchas células achatadas y endurecidas. Seguidamente después de la cofia o pilorriza, tienen un frondoso pulmón blanco formado por una enorme cantidad de hilos microscópicos, que son prolongaciones de las células de la raíz. Estos hilos se llaman pelos absorbentes, y son los que realizan la tarea de absorber el agua que contiene sales minerales disueltas.

¿Cómo hacen las raíces que son leñosas para absrober agua? El agua, con las sustancias disueltas en ella, penetra en la planta a través de la membrana exterior de los pelos absorbentes. Este procedimiento se denomima ósmosis. Pero las células de la membrana de las raíces absorben sólo las sales que son útiles para la planta. Efectivamente, las células regulan la cantidad y la calidad de las sales absorbidas y, si es necesario, interrumpen la absorción.
A través de los pelos absorbentes, las soluciones líquidas absorbidas pasan de célula a célula hasta que llegan al cilindro central de la raíz, desde donde son conducidas hasta el interior de la planta a través de delgadísimos canales, los vasos.


De vez en cuando las raíces realizan una osmósis en sentido contrario. Por ejemplo, si encuentran una sustancia dura, insoluble en el agua, como el mármol, desprenden anhídrido carbónico que, al mezclarse con el agua, transforma el carbonato de calcio en bicarbonato, que es soluble y puede ser absorbido por la planta.

En resumen, desde que germina la semilla, la planta debe desarrollar sus diversos órganos (tallo, hojas, flores y frutos) y cumplir las variadas funciones de nutrición, respiración, transpiración y florecimiento. Debe vivir, y para ello tiene que extraer las sustancias nutritivas del medio en que se desarrolla, tal como están obligados a hacerlo todos los seres vivos.
El ambiente que tiene la mayoría de las plantas es la tierra y el aire. De la tierra, la planta absorbe el agua y las sustancias minerales en ella por medio de la raíz, órgano que para ello actúa introducido en el suelo.


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Monocotiledóneas

Mencionar correctamente el nombre científico completo de una determinada especie vegetal equivale a emplear una serie de términos que impresiona a los oídos no abituados a ellos. Así, por ejemplo, para designar una planta de muguete o lirio de los valles, debemos decir: es una planta cormofita, pertenece a la división de las fanerógamas angiospermas y a la clase de las monocotiledóneas. Sin embargo, no es difícil hallar una clasificación exacta. La que sigue a continuación está aplicada al ejemplo de muguete (Convallaria L), conocida también como convalaria, planta liliácea que es una clase vegetal integrada, en su mayoría, por hierbas.

Planta de muguete o lirio del valle

Son prevalentemente plantas herbáceas que comprenden especies de positivo interés económico; baste decir que de ellas forman parte la gramíneas, cuya utilidad para el hombre ha sido tanta que su cultivo se remonta a los albores de la civilización; su necesidad para la ganadería y la labranza es manifiesta y han servido siempre como alimento del hombre y como forraje.



Dicotiledóneas

Más de la mitad de todas las especies vivientes del reino vegetal se halla constituida por plantas dicotiledóneas. Esta gran clase comprende numerosas familias muy importantes e interesantes, tanto desde el punto de vista botánico como desde el económico y el comercial.

La clase de las dicotiledóneas está dividida, según el desarrollo de la flor, en tres grupos: simpétalas, dialipétalas y monoclamídeas.

Dialipétalas
Son plantas que tienen flores con pétalos no soldados. Las flores de algunos órdenes presentan disposición particular de los pétalos. Por ejemplo: ciertas leguminosas tienen una flor semejante en su forma a una mariposa (papilionáceas).


Magnolia, de orden policárpica

Simpétalas
Son plantas dicotiledóneas provistas de flores en forma de tubo o de embudo. Su corola tiene los pétalos concrescentes, no separados del todo, sino más o menos soldados lateralmente entre sí en un trecho más bien pequeño. Las flores de las simpétalas están siempre provistas de cáliz y de corola.


Gardenia, orden rubiales


Monoclamídeas
Son plantas dicotiledóneas con flores desprovistas de corola y de cáliz, o provistas sólo de cáliz:  a menudo, éstas se hallan reunidas en inflorescencias particulares llamadas "amantos".



Higo, orden urticales


Botánica

Los vegetales están ligados estrechamente a la vida del hombre en actividades tales como alimentación, protección, producción de medicamentos, construcción de vivienda, abrigo, herramientas, etc.
Por eso es importante conocer las características y funciones de las plantas, para tener un apropiado manejo y utilización de ellas, y mejorar las condiciones de vida del hombre.



Pero, ¿qué es la Botánica?. La necesidad de alimentarse y la curiosidad por la naturaleza llevaron al hombre a preocuparse por diferenciar plantas comestibles de venenosas, y tratar de conocer y aprovechar semillas, frutos, flores, tallos, hojas y raíces. La botánica es la ciencia que estudia los vegetales. El análisis de éstos parece ser casi tan antiguo como el hombre mismo.

Chinos pioneros
La civilización china fue la primera en asentar sus conocimientos botánicos por escrito, unos 4 000 años antes de Cristo. Entre los griegos, Empédocles descubrió la función de la raíz como medio de sostén y órgano de alimentación de la planta, y Aristóteles asoció el fruto con la reproducción de la especie. Durante el Renacimiento, los estudios al respecto experimentaron grandes progresos. Fue en esa época que surgieron los primeros jardines botánicos: colecciones sistemáticas de plantas vivas. Con la clasificación del naturalista sueco Carl von Linné, en el siglo XVIII, nació la nomenclatura actual.

Muchas ramas
La botánica tiene varias ramas: la paleobotánica estudia los restos vegetales fósiles; la geobotánica trata sobre la distribución de la flora en las distintas áreas del planeta; la botánica pura ordena y clasifica las plantas; y la aplicada estudia las características de las plantas en relación con su empleo por el hombre. Ya en terrenos más específicos, la citología vegetal se ocupa de las células; la histología, de los tejídos; la embriología, del desarrollo y las transformaciones del embrión; la morfología, de las estructuras internas y del aspecto exterior de los órganos de la planta; la fisiología -disciplina netamente experimental- se ocupa de la nutrición y la reproducción vegetales, y la botánica descriptiva agrupa y cataloga todos descubrimientos. La botánica también tiene estrecha relación con otras ciencias, como la geografía, paleontología y la química, que resultan útiles para ampliar y profundizar sus conceptos.

Célula vegetal
La célula es la mínima unidad morfológica y fisiológica que compone los tejidos de plantas y animales. Constituye la menor expresión de vida, ya que nace, se alimenta, crece, se reproduce y muere. Su estructura consta de una masa gelatinosa, granulada y transparente, el protoplasma, rodeada por una cubierta muy delgada que se denomina membrana celular. La existencia de una pared, compuesta por celulosa, es típica de las células vegetales. Su función es proteger al protoplasma. En el protoplasma se distinguen el citoplasma y el núcleo. El primero contiene agua y elementos químicos precursores de proteínas, lípidos y glúcidos, además de varios corpúsculos con una función determinada para cada uno.



Rodeado por el citoplasma se encuentra el núcleo, que está recubierto por la membrana nuclear y contiene pequeñas partículas de proteínas llamadas nucléolos. Es en él donde se encuentran los cromosomas, filamentos de ácido desoxirribonucleico (ADN), portadores de los códigos de información genética que determinan las características específicas de cada individuo.

La pared celular, es el tabique de la célula y, por lo general, existe solamente en las células vegetales. Las células animales carecen de tal pared. Ésta no es una parte viva de la célula, sino una secreción de su parte interna, o sea del citoplasma. La pared está constituida por un entrelazado de filamentos de celulosa, frecuentemente dispuestos como las fibras de un tejido. En algunos casos, la pared se halla formada además por carbohidratos, como la pectina y la lignina. La pared celular sirve de protección y de apoyo al citoplasma. En efecto, especialmente en las partes de la planta que sirven de sostén, las paredes se empapan de lignina y se vuelven rígidas. La madera es una masa de duras células lignificadas. Por dentro de la pared celular, rodeando todo el fotoplasma, se halla la membrana celular.

El citoplasma, es una masa finamente granulada, muy similar a la gelatina. Contiene un 70-80% de agua, y está formada por diversos elementos químicos, 50% de ellos forman las proteínas; 40% de ellos los lípidos; y 10%, los glúcidos o carbohidratos. Además de estos elementos, en el citoplasma se encuentra fósforo, azufre, potasio, calcio, magnesio, hierro, etc. El citoplasma puede considerarse en dos partes: la parte exterior, el ectoplasma, que es una membrana semipermeable que deja pasar el agua y las sustancias minerales en ella disueltas para la nutrición de la célula, y la parte interior, el endoplasma que, aunque parezca extraño, no permanece inmóvil. Si observamos una célula con el microscopio, podremos ver un incesante ir y venir de corrientes que arrastran minúsculos granitos. Son continuas transformaciones químicas que ocurren en el citoplasma, lo que nos indica que en la célula se desarrolla una actividad vital ininterrumpida y complicada.

Los plástidos, también dentro del citoplasma, son corpúsculos en forma de gotitas, de granitos o de bastoncillos, y se dividen en cloroplastos, cromoplastos y leucoplastos. Algunos de ellos cumplen funciones muy importantes. Los cloroplastos son los corpúsculos verdes que contienen la clorofila y que, con la ayuda de la energía solar, descomponen el anhídrido carbónico del aire en oxígeno y carbono. Los leucoplastos, de forma ovoide y de aspecto blanquecino, son los órganos de la célula que transforman el azúcar en granitos de almidón. Los cromoplastos son siempre de color amarillo o anaranjado y tienen su origen en la transformación de los otros dos tipos de plástidos.

Las vacuolas, estas se van acumulando muchas de las sustancias elaboradas por la planta, que son utilizadas por el hombre, tales como el azúcar de la uva, de la remolacha, de la caña de azúcar, el tanino, el ácido de los frutos agrios, los aceites y grasas de las semillas, las resinas los alcaloides y los granitos de aleurona, elemento de gran valor nutritivo que se encuentra principalmente en el grano de trigo.

El núcleo, en todas las células vegetales, sumergido en el citoplasma, existe un corpúsculo en forma de perdigón, de huevo o de lenteja: el núcleo. También el núcleo, como la célula, está envuelto por una delgada membrana llamada membrana nuclear. En su interior pueden verse uno o más granitos formados por proteínas, denominados nucléolos. En el núcleo puede verse, asimismo, una especie de retícula, conocida con el nombre de cromatina, muy importante para la vida de las células y, por tanto, para la vida de todos los organismos vivientes, en razón de que, cuando la célula se reproduce, la cromatina forma los filamentos llamados cromosomas, de los que depende la transmisión de los caracteres hereditarios de los nuevos individuos.


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